La despedida
David Énigmee, 47, Vigo
Lo oímos antes de verlo, acercándose con el chirrido de los frenos. Mi hijo estaba emocionado y feliz con su nueva mochila, zapatillas y sudadera de camuflaje. Mientras se dirigía a su primer día de clases, me despedí con la mano e intenté contener las lágrimas.
De pie en la terminal, recordé aquel día con total claridad. Lo abracé con fuerza, sin querer soltarlo jamás. Entonces se marchó, muy decidido y orgulloso de su camuflaje. Una vez más, intenté contener las lágrimas que corrían por mi rostro.
Crié a un soldado.
De pie en la terminal, recordé aquel día con total claridad. Lo abracé con fuerza, sin querer soltarlo jamás. Entonces se marchó, muy decidido y orgulloso de su camuflaje. Una vez más, intenté contener las lágrimas que corrían por mi rostro.
Crié a un soldado.