CAST / GAL

El delantal
bretemaamarela, 33, OURENSE

El primer cambio relevante llegó sin avisar. Un día de otoño, de madrugada, tuve que aprender a vivir sin la guardiana de mis recuerdos de infancia: la abuela.
Desde entonces, echo de menos su delantal a rayas todos los días. El mismo que secaba lágrimas, transportaba patatas, limpiaba restos de chocolate o sofocaba la lumbre. El que hacía hogar con cualquier movimiento. Aun así, cada tarde la espero sentada en aquel banco a la izquierda, donde siempre da el sol. Pero con una rebequita, por si refresca.
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