Los dados
Jorge, 33, Santiago de compostela
-Tres- dijo Santiago
Cé había vuelto a perder. La carcajada de su hermano menor inundaba la habitación. Ya no le molestaba perder. Ahora tenían que planificar un nuevo viaje.
Pero la sonrisa de Santiago se iba desdibujando en sincronia con el sonido de la alarma.
Cé abrió los ojos y enterró nuevamente su mirada en el tablero. Ahogado por ese funeral diario, vió en el fondo el único retrato que tenían juntos. Era hora de ir a trabajar. Se vistió en silencio y cruzó el umbral de su habitación.
Él era el verdadero muerto. Todo había cambiado.
Cé había vuelto a perder. La carcajada de su hermano menor inundaba la habitación. Ya no le molestaba perder. Ahora tenían que planificar un nuevo viaje.
Pero la sonrisa de Santiago se iba desdibujando en sincronia con el sonido de la alarma.
Cé abrió los ojos y enterró nuevamente su mirada en el tablero. Ahogado por ese funeral diario, vió en el fondo el único retrato que tenían juntos. Era hora de ir a trabajar. Se vistió en silencio y cruzó el umbral de su habitación.
Él era el verdadero muerto. Todo había cambiado.