El carro
Chelo, 32, Valladolid
Estaba comprando en un supermercado y dejé el carro en su sitio bien amarrado para no perderlo.
Ya me había pasado otra vez, que entré por una puerta, luego salí por otra y no encontré el dichoso carro, por suerte está vez me había dado cuenta de fijarme en el pasillo donde lo había puesto.
Al ir a pagar, pregunté por la comida de los gatos ya que allí al lado estaba mi carro. La señora muy amable me dijo:
—¿Que tipo quieres, para que raza es?
—¡No, no! Gracias no tengo gato, solo estaba buscando mi carro.
Ambas reímos.
Ya me había pasado otra vez, que entré por una puerta, luego salí por otra y no encontré el dichoso carro, por suerte está vez me había dado cuenta de fijarme en el pasillo donde lo había puesto.
Al ir a pagar, pregunté por la comida de los gatos ya que allí al lado estaba mi carro. La señora muy amable me dijo:
—¿Que tipo quieres, para que raza es?
—¡No, no! Gracias no tengo gato, solo estaba buscando mi carro.
Ambas reímos.