Metamorfosis
José Luis, 77, Torrelavega
Cuando llegó a casa, mi perro ya está al otro lado de la puerta esperándome.
Me recibe moviendo alegremente su cola y con ladridos de alegría.
Salta encima de mi, lamiéndome la cara y, cuando le acaricio, me lame las manos.
Me mira con esos ojitos vivarachos que lo dicen todo.
Hace que me sienta otra persona.
Mi perro fue un animal abandonado que yo adopté.
No existe un ser más leal y agradecido.
Un día, él se transformó en hombre y yo en perro; desde entonces soy su mejor amigo.
Me recibe moviendo alegremente su cola y con ladridos de alegría.
Salta encima de mi, lamiéndome la cara y, cuando le acaricio, me lame las manos.
Me mira con esos ojitos vivarachos que lo dicen todo.
Hace que me sienta otra persona.
Mi perro fue un animal abandonado que yo adopté.
No existe un ser más leal y agradecido.
Un día, él se transformó en hombre y yo en perro; desde entonces soy su mejor amigo.