La decisión en sus manos
Ellerina, 19, Sevilla
¡Ahí está otra vez! Bien peinado, con camisa ajustada y mirada perdida. Parece buscar algo que le llene.
¿Creerá que todas somos iguales? ¿Que soy seca por no saludar?
A pocos metros le escucho decir:
—¡Buenos días! Veamos a quién recluto. Tú estás verde, necesitas madurar. Tú, demasiado blando. Y tú… siempre tan amargo.
¡Cuánta exigencia! No sabía que tenía el listón tan alto.
Pero, ¿por qué me mira así?
Estira la mano, me roza con ternura.
—Tú. Tú eres la que buscaba.
Me sonroja usted.
¿Quién diría que mi destino era acabar en sus manos? Yo, una humilde fresa.
¿Creerá que todas somos iguales? ¿Que soy seca por no saludar?
A pocos metros le escucho decir:
—¡Buenos días! Veamos a quién recluto. Tú estás verde, necesitas madurar. Tú, demasiado blando. Y tú… siempre tan amargo.
¡Cuánta exigencia! No sabía que tenía el listón tan alto.
Pero, ¿por qué me mira así?
Estira la mano, me roza con ternura.
—Tú. Tú eres la que buscaba.
Me sonroja usted.
¿Quién diría que mi destino era acabar en sus manos? Yo, una humilde fresa.