Qué bonito es enero
Alexandra, 31, Betanzos
Nunca supe decir en qué momento cambió todo. No hubo un antes y un después. Solo pequeños gestos: caminar un poco más despacio, mirar el calendario un instante más, sorprenderme sonriendo sin motivo. Desde fuera nada era distinto. Desde dentro, cada día parecía acercarme a algo que aún no conocía. Y entendí que las esperas más importantes no se limitan a traer algo nuevo; también transforman, en silencio, a quien te espera.