EL DESTINO
Helmantike57, 68, Cabrerizos
Cada mañana, Luis dejaba una flor en un banco del parque. Nadie sabía para quién. Algunos decían que era por una esposa perdida, otros por un amor imposible.
Ana, recién llegada al barrio, lo observaba desde lejos. Un día, se sentó en el banco antes de que él llegara. Cuando la vio allí, sonrió, tímido, y le ofreció la flor.
—Siempre la dejo aquí, por si algún día alguien la necesita más que yo —dijo.
Ana la aceptó con los ojos brillando.
Desde entonces, cada mañana, dos flores esperan en el banco.
El destino, a veces, florece sin prisa.
Ana, recién llegada al barrio, lo observaba desde lejos. Un día, se sentó en el banco antes de que él llegara. Cuando la vio allí, sonrió, tímido, y le ofreció la flor.
—Siempre la dejo aquí, por si algún día alguien la necesita más que yo —dijo.
Ana la aceptó con los ojos brillando.
Desde entonces, cada mañana, dos flores esperan en el banco.
El destino, a veces, florece sin prisa.