CAST / GAL

Arma de doble filo.
Licia García, 18, Valladolid

Por la mañana, me regalaron una pesada pistola de balas infinitas que, independientemente de a donde disparara o con que intención, llegaban al corazón.
Cuando me ardía la sangre, el gatillo se apretaba solo. Incluso, confusa y sin querer herir, estas viajan desgarrando la piel .
Por la tarde, vi a alguien empuñarla para en vez de provocar una cicatriz, crear una sonrisa y entendí, que su poder residía en el cuidado con el que usara.
Por la noche, ya era consciente de que con las balas buenas, las que animan, apoyan o consuelan, también podía dejar huella.
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