CAST / GAL

No estaba escrito
Laia Luna, 65, Valladolid

Apareció de repente cortándome el paso. Yo me detuve sin otro remedio.
Alargó los brazos.
—¡Ay perdón! —se disculpó—. Creí que eras…
Quedé parada en medio del paseo; sintiendo no ser aquella. No llevar su nombre bajo el brazo o en la cartera. No haber tenido tiempo de recoger ese beso huérfano que se escabulló en la tarde.
Hubiéramos compartido un banco, un pedazo de este tiempo holgado que vagabundea cada día por mis horas.
Y al cabo de un rato nos hubiéramos despedido con una sonrisa y la promesa de vernos otra tarde cualquiera.
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