CAST / GAL

El último cambio
Sila, 37, Meaño

Cambió de ciudad, de trabajo y de nombre en las redes. Decía que le gustaba empezar de cero, pero en realidad solo buscaba un lugar donde su herida no la encontrara.
La herida siempre llegaba antes.
Un día, cansada de huir, se quedó quieta. No cambió el pelo, ni la casa, ni la vida. Cambió la forma de mirarse.
Lloró sin escapar. Aceptó lo perdido. Perdonó lo posible.
Y entonces entendió que sanar no era convertirse en otra persona, sino volver, por fin, a sí misma.
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