El cambio de la jubilación
Joserra, 66, Melide (A Coruña)
El lunes sonó el despertador a las seis. Lo apagué por costumbre y, de pronto, recordé que ya no tenía que correr a ninguna parte. Al principio sentí vértigo, luego alivio, después una alegría tímida que fue creciendo. Durante años medí mi vida por horarios, reuniones y tareas; ahora el tiempo era mío. Ahora mis mañanas no suenan a prisas, sino a café lento y paseos largos. He llegado a comprender que la jubilación no era dejar de trabajar: era empezar a vivir el tiempo de otra manera.