CAST / GAL

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Raquel, 48, Salamanca

Los cambios no tienen por qué ser malos.
Ella así lo creía.
Cambió de coche.
Cambió de trabajo. Dejó un lugar que la asfixiaba, donde no crecía y que le reportaba un sueldo pequeño y apostó por lo que realmente le gustaba y siempre había soñado.
Cambió sus hábitos. Retomó los olvidados por culpa de ese trabajo que la ahogaba.
Cambió de pareja. Más bien dejó a la que tenía después de darle tantas vueltas y no atreverse.
Estos cambios propiciaron su vuelta. La vuelta de su sonrisa eterna, la chispa en la mirada, la magia y la alegría.
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