Crisálida
Gonzalo, 64, Medina De Rioseco. Valladolid
Durante unos años, más de los que ella hubiera deseado, fue una niña con las piernas delgadas, muy alta y desgarbada. Que se asustaba con cualquier ruido, con que la llamaran por su nombre en el aula, que se sentaba al final, para no tapar la visión a sus compañeros. En los recreos, no podía jugar ni al baloncesto, botaba el balón mal y se le escapaba con facilidad. Así terminó el colegio, eso sí, con buenas notas. Cuando empezó en el instituto, después de un verano inquieto. Se miró antes de ir a clase. Ya era otra.