El dilema del erizo
Morrinhento, 31, A Coruña
Llevaba años viviendo solo. Hacía todavía más que me sentía solo.
Entonces, apareció ella. Venía de un sitio que no sabía situar en el mapa y tenía un nombre que tardé semanas en pronunciar.
Un día apareció su cepillo en mi baño. Otro, unas zapatillas rosas junto a la cama. Después, yogures de frambuesa en mi nevera.
No recuerdo cuándo bajé las espinas.
Entonces, apareció ella. Venía de un sitio que no sabía situar en el mapa y tenía un nombre que tardé semanas en pronunciar.
Un día apareció su cepillo en mi baño. Otro, unas zapatillas rosas junto a la cama. Después, yogures de frambuesa en mi nevera.
No recuerdo cuándo bajé las espinas.