Lima-Echo-Delta
Manu Sierra, 54, Sevilla
Bastaba con pulsar el botón rojo. No hacía falta más para desencadenar una avalancha de millones de destellos que deslumbrarían al planeta. Sin otras parafernalias ni mayores sistemas de validación; únicamente la voluntad de una persona, escribiendo un párrafo indeleble en la Historia desde el Olimpo de su despacho.
Cada vez que lo pensaba se sentía inmensamente poderoso.
«Tú antes no eras así; has cambiado», le reprochaba su primera dama —Carmiña— y le recordaba que tan solo era el alcalde de Vigo, que tal vez se le estuvieran yendo de las manos estas cosas del alumbrado navideño.
Cada vez que lo pensaba se sentía inmensamente poderoso.
«Tú antes no eras así; has cambiado», le reprochaba su primera dama —Carmiña— y le recordaba que tan solo era el alcalde de Vigo, que tal vez se le estuvieran yendo de las manos estas cosas del alumbrado navideño.