Todo tiene un orden
Nezuko, 45, Valladolid
Cada mañana, Tomás alineaba sus coches por color y tamaño. Nadie entendía por qué, pero él sabía que el mundo tenía un orden secreto. Cuando la maestra hablaba de casualidades, Tomás fruncía el ceño: para él, nada era casual.
Una tarde, un pájaro cayó herido frente a su ventana. Lo recogió y cuidó hasta que alzó el vuelo. Todo cobró sentido: el pájaro debía llegar a él, como cada coche a su fila.
“Todo tiene un lugar”, murmuró.
Mientras los adultos buscaban lógica, Tomás sentía el destino como una melodía suave que solo él podía escuchar y comprender.
Una tarde, un pájaro cayó herido frente a su ventana. Lo recogió y cuidó hasta que alzó el vuelo. Todo cobró sentido: el pájaro debía llegar a él, como cada coche a su fila.
“Todo tiene un lugar”, murmuró.
Mientras los adultos buscaban lógica, Tomás sentía el destino como una melodía suave que solo él podía escuchar y comprender.