El sillón número 3
El caminante tardío, 47, Blanes
Nadie en la residencia recordaba su nombre. Algunos lo llamaban el Príncipe. Cada tarde se sentaba en el sillón número 3, junto a la ventana, con su manta de ganchillo sobre las piernas. Aún olía a ella. Le escribía cartas que nunca sabía cómo terminar. Los cuidadores, intrigados, recogían siempre la misma frase: “Mi Princesa: aún sigo esperándote…”
En el sillón número 3 ahora luce una manta de ganchillo y nadie sabe si fue el amor… o el destino.
En el sillón número 3 ahora luce una manta de ganchillo y nadie sabe si fue el amor… o el destino.