Riña entre cuerdas
Xerardo, 51, Pontevedra
Cuatro cuerdas tenía el violín: Mi, La, Re y Sol. Mi, la más aguda; La, la presumida; Re, la melosa y los lamentos de Sol eran los más emocionantes. Discutían cuál era la principal cuando Anne, la famosa violinista que las recorría con sus dedos, hacía una de sus aplaudidas interpretaciones. Aquela noche tocaba el op.61 de Beethoven. Anne estaba en el camerino, las cuerdas discutían y aquello sonaba realmente mal. “Calmaos -les dijo - todas sois importantes, sin vosotras Beethoven no se distingue de un gallo con ronquera”. Las cuerdas admitieron que debían colaborar. Aquella noche, Beethoven sonó inmejorable.