Llegó para quedarse
Dolores, 58, Santiago de Compostela
Del amor al odio hay un paso. ¿Cuántas veces habría escuchado la frase? Cientos, sin duda. Aquella fatídica mañana fui consciente de toda su magnitud. Conmocionada, asustada, perpleja.
Lloré. Sentí rabia. También autocompasión. Me enfadé contra el mundo.
¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué?
Asumir que tu sistema inmunológico, que está para protegerte, te ataque y destruya células de tu páncreas no es fácil de asumir.
Un terremoto sacude tu vida y pierdes el equilibrio.
¡Quien me iba a decir que con el tiempo llegaría incluso a sentir cierto aprecio por las malditas agujas!
Lloré. Sentí rabia. También autocompasión. Me enfadé contra el mundo.
¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué?
Asumir que tu sistema inmunológico, que está para protegerte, te ataque y destruya células de tu páncreas no es fácil de asumir.
Un terremoto sacude tu vida y pierdes el equilibrio.
¡Quien me iba a decir que con el tiempo llegaría incluso a sentir cierto aprecio por las malditas agujas!