Destino común
Silvia, 47, Gondomar
Mismos horarios, mismas rutinas. Aunque a veces tu niña interior se rebela y dices: ¡Basta! A partir de hoy, tomo las riendas de mi vida. Pero ese atisbo de valentía dura como mucho hasta la mañana, en la que el despertador te hace caer directamente de la cama a la rueda de monotonía en la que se ha convertido tu vida. Mientras, ves los días caer del calendario como si fueran hojas de un árbol caduco. Y te resignas, te encoges de hombros, sonríes y disfrutas de pequeñas cosas mientras caminas hacia ese destino común que es la muerte.