DESPUÉS DE TI
Bossa, 43, Ribeira
Al principio pensó que nunca volvería a sonreír. La habitación conservaba sus fotografías, sus mensajes y hasta el perfume que ella había dejado en el armario. Cada recuerdo parecía una puerta hacia un pasado imposible de recuperar. Pero los días comenzaron a pasar y, lentamente, algo cambió. Guardó las fotografías, borró los mensajes y abrió la ventana. El aire nuevo entró sin pedir permiso. Entonces comprendió que olvidar no significaba dejar de querer, sino aprender a vivir sin esperar el regreso de alguien que había decidido marcharse.