Un secreto
Isaura, 69, Salamanca
Aquel día, bajo la lluvia del humilde cementerio, solo podía pensar en mi bebé, aquel pequeño que había tenido en mis brazos y lo había amamantado; el pequeño que me había obligado mi madre a regalar a nuestra niña. No quería volver a dejarla. Me miraba con ternura infinita y dijo
—Debemos regresar.
Estaba aturdida y aún le pude escuchar
—Regresamos a casa.
— ¿A casa?
Cruzamos el antiguo portón. Un cielo gris azulado, se extendía sobre nosotros. Tuve la sensación de un déja vù. Comprendí: que el paso del tiempo no existe, son círculos que hemos de cerrar.
—Debemos regresar.
Estaba aturdida y aún le pude escuchar
—Regresamos a casa.
— ¿A casa?
Cruzamos el antiguo portón. Un cielo gris azulado, se extendía sobre nosotros. Tuve la sensación de un déja vù. Comprendí: que el paso del tiempo no existe, son círculos que hemos de cerrar.