No podía dejar de sonreír
Luis, 42, Cambre
No podía dejar de sonreír, la arena molestaba a todo el mundo, pero a ella no le importaba, la veía jugar y ya no se acordaba de aquel día… de aquellas noches… su hijita con sus “tes” añitos construía su castillo con esmero.
El olor a crema del sol siempre le traía ese recuerdo, que días más bonitos… estaba deseando ir con su nieta a la tienda de souvenirs para malcriarla todo lo que no pudo malcriar a su hija. Cogió la manita llena de arena y, por primera vez, no le importó que se le pegara a la piel.
El olor a crema del sol siempre le traía ese recuerdo, que días más bonitos… estaba deseando ir con su nieta a la tienda de souvenirs para malcriarla todo lo que no pudo malcriar a su hija. Cogió la manita llena de arena y, por primera vez, no le importó que se le pegara a la piel.