Los cambios llegaron sin hacer ruido.
LUIS MIGUEL, 67, Laguna de Duero
Los cambios llegaron sin hacer ruido. Cambiamos el saludo por un mensaje, la sobremesa por la prisa, las plazas por las pantallas y las miradas por emoticonos. Nos convencieron de que vivir más rápido era vivir mejor. Mientras celebrábamos el progreso, las calles se llenaron de desconocidos y los hogares de silencios. Un día, una niña preguntó a su madre por qué la abuela esperaba cada tarde junto a la ventana. Nadie respondió. Solo entonces comprendimos que el cambio más devastador no fue la tecnología, sino dejar de regalarnos tiempo y abrazos.