Lecciones de literatura
Helena Way, 22, Ourense
Amalia no lo eligió. Lo reconoció.
Porque la herida nunca llegaba con flores, pero sí con la mirada turbia, y Miguel era eso.
Vivía con su madre, dormía mal y mentía torcido. Decía “me estoy volviendo loco” como quien exige cariño.
Entonces, a ella le temblaba algo dentro. Quizás amor, o algo peor.
No quería besarlo, quería diseccionarlo y olerle la ansiedad mientras recordaba la frase de aquel libro:
—¿Quién desearía el infierno cuando existe el destino?—
Porque la herida nunca llegaba con flores, pero sí con la mirada turbia, y Miguel era eso.
Vivía con su madre, dormía mal y mentía torcido. Decía “me estoy volviendo loco” como quien exige cariño.
Entonces, a ella le temblaba algo dentro. Quizás amor, o algo peor.
No quería besarlo, quería diseccionarlo y olerle la ansiedad mientras recordaba la frase de aquel libro:
—¿Quién desearía el infierno cuando existe el destino?—