A las 12 donde siempre
Eduardo J. Navarro, 52, Valladolid
Sentado en la penúltima fila, impaciente vuelve a mirar su reloj: Casi las doce. Siempre llega antes porque le gusta esperarla. Así todos los domingos. Por fin sus ojos descubren que ya se encamina sonriente, elegante y seductora hacia él. De pie se dedican unos instantes a mirarse mientras le susurra lo guapo que está hoy. Se sientan y sus manos se buscan y discretamente entrelazan sus dedos. Sus cabellos son plateados y ambos llevan una alianza puesta. Media vida esperándose y desde hace 10 años su destino es la misa de 12 para poder decirse TE QUIERO, SIEMPRE.