La vida plena
Alex, 25, Zumarraga
Aprendió a andar y a hablar. Fue a la escuela, hizo amigos y descubrió el mundo. Creció, dejó el hogar, estudió y maduró. Trabajó, amó, formó una familia y vio pasar los años. Llegó la jubilación y, por fin, tuvo tiempo para mirar atrás. Entonces comprendió que la vida no era una meta, sino un camino de cambios. Sonrió al recordar sus errores, porque cada caída le había enseñado a seguir avanzando. Después cerró los ojos, satisfecho de haber vivido.