EL JUEGO DEBE CONTINUAR
Pedro Carlos, 66, Zamora
Una vez dibujado el ataúd se metió dentro de él; las medidas eran las adecuadas para su tamaño. Lo había delineado perfectamente a pesar de haberlo hecho con el pie. Esperó escondido entre el pegajoso ciprés a que el vigilante del cementerio cerrara con llave el portón. Sacó lo necesario de la mochila y, una vez instaladas las maquinitas, golpeó con fuerza la lápida. Era difícil despertarlo. Si había algo que le gustaba a su hermano pequeño era dormir a pierna suelta, pero insistió hasta que lo logró. Aquella partida inacabada de la Play no había dejado un claro ganador.