La Grieta
Kamela, 59, Betanzos
Harto de la rutina, decidió cambiar su vida derribando los tabiques de su casa. Anhelaba el espacio moderno, la luz sin obstáculos y un hogar completamente diáfano. Con un mazo pesado, destruyó cada frontera interna hasta dejar un único salón inmenso.
El cambio arquitectónico fue perfecto, pero el frío se volvió indomable.Ayer, sentado en el centro del vacío, comprendió con dolor el verdadero peso de su obra: había eliminado todas las paredes de la casa, pero ahora no tenía ningún muro donde apoyar la espalda para poder descansar de sí mismo.
El cambio arquitectónico fue perfecto, pero el frío se volvió indomable.Ayer, sentado en el centro del vacío, comprendió con dolor el verdadero peso de su obra: había eliminado todas las paredes de la casa, pero ahora no tenía ningún muro donde apoyar la espalda para poder descansar de sí mismo.