Retorcido
Astral, 17, A Coruña
Pensé que el destino me odiaba: el día que nací, se inundó mi ciudad; me partí un brazo firmando un contrato y siempre me mancho comiendo.
Hoy me tropecé con un adoquín suelto en la calle y empujé a un señor. Él se cayó al suelo, en la acera.
Justo pasó una moto a la que se le habían roto los frenos.
Lo había salvado.
Puede que al final no me odie, que simplemente le gusten las bromas de mal gusto.
Hoy me tropecé con un adoquín suelto en la calle y empujé a un señor. Él se cayó al suelo, en la acera.
Justo pasó una moto a la que se le habían roto los frenos.
Lo había salvado.
Puede que al final no me odie, que simplemente le gusten las bromas de mal gusto.