Tu destino funesto
Óscar Garrobo, 34, Madrid
Abrazaste al gato para ocultar tus ojos hinchados. Tu padre me miraba; no sabía por qué llorabas, y yo tampoco. Le sonreí mientras comía los trozos rectangulares de una tortilla de patata que había prometido terminar aquella noche.
Hiciste un ruido extraño, y ahí te miré y puse una buena escusa, o eso me pareció cuando me dejaron levantarme e irme. Tú me acompañaste al bus, me daba igual, solo quería irme tan lejos, tan rápido, tan fuera de tu vida y tu destino funesto.
Te lo dije: “Yo no salvo a nadie... ya no”.
Hiciste un ruido extraño, y ahí te miré y puse una buena escusa, o eso me pareció cuando me dejaron levantarme e irme. Tú me acompañaste al bus, me daba igual, solo quería irme tan lejos, tan rápido, tan fuera de tu vida y tu destino funesto.
Te lo dije: “Yo no salvo a nadie... ya no”.