Donde tiemblan las manos
Armando, 48, Zamora
La encontré en un tren equivocado, como si la vida quisiera jugar conmigo. Hablamos de nada y de todo, con la torpeza de quien no sabe qué hacer con lo que siente, igual que se abre un paraguas roto en día de lluvia: sin esperanza, por costumbre.
Nos bajamos en estaciones distintas, sin reproches, sin promesas, solo con un adiós que sabía a nada y a todo a la vez.
En ocasiones pienso que no perdí nada, porque me regaló una certeza: el destino no siempre es llegar, a veces es aprender a despedirse.
Nos bajamos en estaciones distintas, sin reproches, sin promesas, solo con un adiós que sabía a nada y a todo a la vez.
En ocasiones pienso que no perdí nada, porque me regaló una certeza: el destino no siempre es llegar, a veces es aprender a despedirse.