CAST / GAL

El primero de la fila
Arne, 36, Telde (Gran Canaria)

Cada martes a las siete, Mateo alineaba sus cochecitos por colores. El azul iniciaba la fila. Era el muro exacto entre la paz de su autismo y el caos del mundo.
Esa tarde, una mano temblorosa dejó un camión rojo en medio de su secuencia perfecta. Mateo no gritó. Observó el juguete intruso y luego levantó la mirada hacia el niño desconocido que lloraba.
Con extrema delicadeza, Mateo rompió su propia regla: tomó el coche rojo y lo colocó a la cabeza de todo. Entendió, sin palabras, que a su nuevo hermanito también le aterraban los cambios.
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