Nada
Carmen, 46, Arroyo de la Encomienda
Despierto de repente, con el corazón acelerado, me cuesta unos segundos recordar. Me pasa últimamente.
Tranquila, me digo, todo sigue igual. Mismo trabajo, misma casa, mismo coche... No había cambiado nada, pero yo no podía dejar de sentir un nudo en mi pecho que apenas me dejaba respirar.
Es como si el aire se hubiera detenido conmigo. Intento relajarme, respirar de forma pausada para controlar esos latidos que aún se niegan a calmarse.
Buscando el sueño, me giro hacia la izquierda, abro los ojos y lo vuelvo a ver... nada. Solo un vacío eterno que lo cambia todo.
Tranquila, me digo, todo sigue igual. Mismo trabajo, misma casa, mismo coche... No había cambiado nada, pero yo no podía dejar de sentir un nudo en mi pecho que apenas me dejaba respirar.
Es como si el aire se hubiera detenido conmigo. Intento relajarme, respirar de forma pausada para controlar esos latidos que aún se niegan a calmarse.
Buscando el sueño, me giro hacia la izquierda, abro los ojos y lo vuelvo a ver... nada. Solo un vacío eterno que lo cambia todo.