CAST / GAL

El código nuevo
Tomás, 56, Los Realejos

En la casa, el reloj late más fuerte que las risas. Él gobierna con silencio y golpes que no dejan huella visible. Ella, asistente social, aprende cada día a nombrar lo innombrable para otras mujeres, mientras en su propia piel archiva excusas. Los niños, de nueve y seis, dibujan tormentas con creyones y sonríen cuando la puerta no cruje. Han inventado un código de miradas: si mamá pestañea dos veces, todo estará bien; si no, guardan el aire.
Una tarde, cambia el código: cuando él levanta la voz, no hay pestañeo, hay tres golpes en la mesa. Salen juntos.
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