LAS COSAS DEL DESTINO
Antonio Enrique María, 46, Valladolid
Pedro esperaba, mientras trabajaba afanoso con su computadora, a que el leve viento ondeante bajo el sol abrasador secase la ropa tendida.
Estaba nervioso, pues al anochecer tendría su primera cita.
Había elegido para la ocasión su polo preferido, de color berenjena. Desde la ventana podía verlo aún en el tendedero.
Concentrado, no se dio cuenta del chaparrón que había comenzado a caer, que volvió a empapar la colada.
—¡Oh no! Ahora, ¿Qué voy a ponerme? Ya no queda tiempo.
Más tarde, en el restaurante...
—Estás preciosa.
—Tú también. Me encanta tu camisa azul, es mi color favorito.
Estaba nervioso, pues al anochecer tendría su primera cita.
Había elegido para la ocasión su polo preferido, de color berenjena. Desde la ventana podía verlo aún en el tendedero.
Concentrado, no se dio cuenta del chaparrón que había comenzado a caer, que volvió a empapar la colada.
—¡Oh no! Ahora, ¿Qué voy a ponerme? Ya no queda tiempo.
Más tarde, en el restaurante...
—Estás preciosa.
—Tú también. Me encanta tu camisa azul, es mi color favorito.