La carta
Ide, 31, A Laracha
El anciano abrió la carta con manos temblorosas. Había sido enterrada por un juego. Estaba amarillenta y manchada de tierra, pero con la tinta intacta.
Era su yo de veinte años, escribiéndole tras una borrachera.
-¿Ya somos músicos?¿Hemos viajado por el mundo?
Sonrió con tristeza. Nunca tocó la guitarra, nunca salió del pueblo.
La carta acababa con:
-Si no hemos cumplido nuestros sueños, al menos dime que hemos sido felices.
Miró al jardín, donde sus nietos corrían y reían.
-Sí, lo hemos sido.- susurró.
El destino no cumplió sus planes, pero si su deseo.
Era su yo de veinte años, escribiéndole tras una borrachera.
-¿Ya somos músicos?¿Hemos viajado por el mundo?
Sonrió con tristeza. Nunca tocó la guitarra, nunca salió del pueblo.
La carta acababa con:
-Si no hemos cumplido nuestros sueños, al menos dime que hemos sido felices.
Miró al jardín, donde sus nietos corrían y reían.
-Sí, lo hemos sido.- susurró.
El destino no cumplió sus planes, pero si su deseo.