ÚLTIMO VIAJE
Paty, 44, Moralzarzal
La mañana en que decidió marcharse del pueblo, las golondrinas anidaron en sus maletas vacías. Cuando el tren arrancó, las aves alzaron el vuelo y el pueblo comenzó a desvanecerse del paisaje, como si lo fuera tragando una sombra lenta. En el último túnel ya no quedaba nada: ni casas, ni calles, ni memoria.
Y aun así, en el asiento vacío, alguien siguió escuchando el canto de las golondrinas.
Y aun así, en el asiento vacío, alguien siguió escuchando el canto de las golondrinas.