La firma
Luis, 55, Getafe
Esta sería la última vez. No quería volver a probar el sabor de la podredumbre que habitaba en su alma. Las endebles justificaciones con que se autoengañaba comenzaban a deshacerse en su corazón como el papel empapado por la lluvia. Escribía el informe con las tripas revueltas y las lágrimas casi desbordándole los ojos. Solo faltaba una firma para que aquel bebé, nacido el 31 de agosto de 1971, nunca conociera a su humilde familia biológica. Una sola firma para cambiar por completo el destino de una vida, y quizá también, para condenar la suya.