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Akim, 66, Barcelona
Ayer por la mañana, mientras papá se calzaba los zapatos, mamá le comentó que ponía mala cara. Evitando responderle, él se limitó a acariciarle la mejilla. Salió puntual a las ocho, diciéndonos que regresaría a la hora habitual. Al observar que había dejado olvidado su reloj, fui tras él. Descubrí entonces con extrañeza que pasaba de largo por la boca del metro y se dirigía hacia el parque, a cuya entrada se detuvo para comprar una bolsa de cañamones. Luego se sentó en un banco apartado y se puso a dar de comer a las palomas.