Gracias al destino
Almudena, 60, Noalla
Al entrar en el aula el primer día se cruzaron nuestras miradas. Él y el destino me guiñaban un ojo. Al irnos conociendo se confirmaba el acierto de volver a estudiar. Ese verano, tras recogerme al acabar un curso de pintura en Galicia, recorrimos lugares que nos enamoraban mientras lo hacíamos nosotros. Me reí tanto tanto cuando se colocó un alga enorme en la cabeza mientras paseábamos por la playa de A Lanzada que deseé reírme así por siempre. Gracias al destino ahora andamos y reímos a diario en la misma playa, sin necesitar ya poner algas en la cabeza.