El gran mecanismo
SINDO, 64, BARRO
“¡Fuera lágrimas! al entender el gran mecanismo, enseguida se aceptan estos finales” junto a la máquina expendedora del tanatorio Esteban me hablaba así de la repentina muerte de mi mujer. ¿El destino? Esa filosofía idealista que atribuye el control a una inteligencia. “Acepta que lo que nos dirige, desea que tengas con otra los hijos que Elvira no pudo darte; ¡deberías alegrarte!... Me producía un daño profundo con sus palabras. No hay destino escrito de antemano, todo sucede según las posibilidades existentes… Le asesté un contundente puñetazo que lo noqueó. “El suelo ahora era su destino por estúpido y bocazas!”