El olivo de Vouves
MIKIUS MORA, 50, Vigo
Solo alguien insignificante teme a los cambios.
Para Creta, mi madre, aún soy un bebé, pero he amado ya a minoicos, romanos y otomanos. A Sócrates. A Homero. A Alejandro Magno.
He visto morir un millón de lunas para que nacieran otros tantos soles, durante milenios que me enseñaron a leer el corazón humano.
Y, aunque he perdido el mío por el paso del tiempo, acojo vuestras almas temerosas con mi tronco abierto de par en par.
Amad.
Porque el mundo cambia. Y aunque siempre parece dispuesto a morir, yo decidí seguir dando aceitunas. Simplemente…
Y el mundo sigue aquí.
Para Creta, mi madre, aún soy un bebé, pero he amado ya a minoicos, romanos y otomanos. A Sócrates. A Homero. A Alejandro Magno.
He visto morir un millón de lunas para que nacieran otros tantos soles, durante milenios que me enseñaron a leer el corazón humano.
Y, aunque he perdido el mío por el paso del tiempo, acojo vuestras almas temerosas con mi tronco abierto de par en par.
Amad.
Porque el mundo cambia. Y aunque siempre parece dispuesto a morir, yo decidí seguir dando aceitunas. Simplemente…
Y el mundo sigue aquí.