DESTINO SELLADO
MARIA ROSA, 67, Valladolid
Su aspecto era deplorable: piel sobre hueso, ojos hundidos, labios azulados.
La tos lo parte, respira con esfuerzo, con un ruido húmedo que se pega al silencio.
Sabe que la muerte lo sigue de cerca, pero sonríe. cuando sus amigos y algún exnovio lo visitan. A veces el techo se convierte en una pantalla, en blanco y negro, por donde ve su vida pasar: amor, deseo, adicción. Vivió sin freno, atado a hombres y vicios que no quisieron límites cuando el deseo reclamaba su lugar.
Ahora entiende que cada decisión imprudente fue una cuenta, y la muerte, su factura final.
La tos lo parte, respira con esfuerzo, con un ruido húmedo que se pega al silencio.
Sabe que la muerte lo sigue de cerca, pero sonríe. cuando sus amigos y algún exnovio lo visitan. A veces el techo se convierte en una pantalla, en blanco y negro, por donde ve su vida pasar: amor, deseo, adicción. Vivió sin freno, atado a hombres y vicios que no quisieron límites cuando el deseo reclamaba su lugar.
Ahora entiende que cada decisión imprudente fue una cuenta, y la muerte, su factura final.