Unos centímetros de felicidad
Adolfo, 48, Valdetorres de Jarama
Tenía sus manías, como todos, una de ellas era dormir completamente a oscuras. Estaba a unos pocos centímetros de ella y no era capaz ni de intuir su cuerpo. Al principio me ponía nervioso. Lo malo es que la oscuridad, la nada como la llamaba yo, dejó de ser algo exclusivo de las noches.
En el desayuno nuestras miradas se cruzaban sin reconocernos. Después ella salía con sus amigas y yo no hacía nada.
A ella le daba pereza dejarme y yo estaba asustado. Decidimos casarnos y tener un hijo.
En el desayuno nuestras miradas se cruzaban sin reconocernos. Después ella salía con sus amigas y yo no hacía nada.
A ella le daba pereza dejarme y yo estaba asustado. Decidimos casarnos y tener un hijo.