Nuevo nido
Pablo, 25, Culleredo
Aunque llevaban tres meses en A Coruña, la familia Sharid aún dormía con los zapatos puestos. Al primer estallido, los dos niños se escondieron bajo la mesa. La mano tendida de una madre, la mirada de afecto de un padre. Salieron afuera para ver cómo al cielo ascendían unas luces, como ángeles que estallaban en miles de colores. Los niños miraron a sus padres con los ojos radiantes. Todo el barrio aplaudía los fuegos de una noche de verano.