Danza en llamas.
Ariadne, 19, A Coruña
Finalista
Pasé una eternidad con el peso de la culpa cosido a mi piel, convencida de que era yo quien incendiaba la casa, hasta que vi tus manos sosteniendo las cerillas. El destino me mostró la verdad que por tanto tiempo había negado: no somos dueños del fuego que nos consume, solo marionetas de un tejido invisible. Y por mucho que intentáramos escapar, el destino nos ataría a las llamas, obligándonos a bailar en su danza una y otra vez hasta aprender.