La llave
Gazapo, 53, Lugo
Claudia pasaba productos por el escáner como todos los días: bip, bip, bip. Mismas caras, mismas monedas, misma rutina que parecía no tener fin.
Aquella tarde, entre manzanas y pan de molde, apareció un sobre. No tenía remitente. Dentro, una nota escrita a mano: “Cuando cierres hoy, mira bajo la caja 3”.
El turno terminó. Con el corazón acelerado, se arrodilló y encontró una pequeña llave. Miró alrededor, nadie.
La llave encajaba en un viejo buzón del almacén. Dentro, una tarjeta de embarque a su nombre. Destino: la ciudad que siempre soñó visitar.
Por primera vez, sonrió trabajando.
Aquella tarde, entre manzanas y pan de molde, apareció un sobre. No tenía remitente. Dentro, una nota escrita a mano: “Cuando cierres hoy, mira bajo la caja 3”.
El turno terminó. Con el corazón acelerado, se arrodilló y encontró una pequeña llave. Miró alrededor, nadie.
La llave encajaba en un viejo buzón del almacén. Dentro, una tarjeta de embarque a su nombre. Destino: la ciudad que siempre soñó visitar.
Por primera vez, sonrió trabajando.