Tejidos del azar
RIANGULO, 62, Valladolid
La abuela tejía sin patrón, como si los hilos supieran más que ella. Decía que tejía con el corazón, no con las manos. Su nieta, ya adulta, descubrió que cada tapiz contaba algo: el accidente de su padre, su primer amor, incluso el día en que lloró sola en el parque. "¿Cómo lo sabías?", preguntó con lágrimas. La anciana solo sonrió. "Yo no lo sabía. El destino tiene dedos invisibles". El último tapiz tenía un nido, una flor y una puerta abierta. Aún no ha entendido su significado, pero lo guarda, sabiendo que algo la espera al otro lado.